El costo silencioso del confort, por qué el cerebro y el cuerpo necesitan del esfuerzo
La comodidad acarrea un precio que rara vez se percibe; debido a que, cada fricción que desaparece, cada tarea que un algoritmo o una inteligencia artificial resuelve y cada esfuerzo que se evita, se lleva consigo una pequeña dosis de lo que mantiene sano al organismo humano. A medida que el confort reemplaza el esfuerzo, aparece sobre la mesa una creciente crisis de salud pública asociada, no al estrés, sino al estancamiento.
La evidencia es más que clara y las investigaciones muestran que la vida del ser humano mejora cuando se combaten los hábitos de evasión y complacencia y se acepta, en cambio, la incomodidad y la incertidumbre. Según explican expertos, la participación sostenida en retos manejables produce la vitalidad: un estado en el que el cuerpo y el cerebro se vuelven más resilientes, los sistemas de regulación del estrés funcionan con eficiencia y la plasticidad cerebral se mantiene activa.
Quienes la alcanzan, gozan de mejor salud a largo plazo y ralentizan procesos asociados al envejecimiento como inflamación crónica y pérdida de eficiencia en la reparación celular.
En Colombia, el debate sobre el costo del confort y la necesidad del movimiento y el esfuerzo es todavía más urgente, teniendo en cuenta que el país envejece a velocidades más rápidas que el resto de la región, lo cual pone sobre la mesa la importancia de la longevidad saludable. Juan Manuel Anaya, reumatólogo, inmunólogo, y doctor en biología, explicó que este concepto está asociado con vivir la vejez sin enfermedad.
Para alcanzarla, es clave avanzar en tres pilares fundamentales: alimentación rica en proteínas, ejercicio de fuerza y sueño. Sin embargo, el balance nacional no es positivo. “La mitad de la población se mueve o camina, pero solo alrededor de 10% hace ejercicio de fuerza. Cerca de la mitad tiene sobrepeso y menos de 60% duerme más de seis horas. Esos tres factores van en contra de una longevidad saludable”, advirtió Anaya.
Entre las consecuencias provocadas por el estancamiento del cuerpo y el cerebro, destacan las enfermedades crónicas no transmisibles cardiovasculares, metabólicas, pulmonares, renales y la demencia.
Los tres frentes de ataque
Para mejorar el bienestar y poner en marcha el esfuerzo, la ciencia identificó tres ámbitos en que los individuos pueden buscar retos activamente. En el caso del cuerpo, encontró que los beneficios del ejercicio no vienen del simple movimiento, sino de la sobrecarga progresiva: cuando la fuerza o la resistencia se desarrollan gradualmente, el organismo construye una capacidad que perdura.
En el comportamiento, estableció que retomar actividades significativas como dar un paseo, llamar a alguien o terminar una tarea postergada rompe los ciclos de evasión; provocando mejoras en el ánimo.
Por último, en el pensamiento, reveló que explorar ideas inciertas mejora la flexibilidad cognitiva, mientras que la rumiación repetitiva está asociada con depresión y ansiedad.
Resulta importante aclarar que, aunque muchos hábitos placenteros como las redes sociales, el azúcar y el entretenimiento pasivo elevan temporalmente el ánimo, no desarrollan ninguna capacidad. Pese a que el progreso implica esfuerzo e incomodidad, pero deja al individuo más capaz que antes.
Para Anaya, la solución tampoco es médica y “no hay una intervención psicológica o psiquiátrica que haya sido capaz de revertir ese declive generacional”. Por eso, se debe atacar la raíz, por medio de la reconstrucción de vínculos, menor exposición a pantallas, mejoras en la alimentación e incorporación del ejercicio de fuerza.
La práctica como brújula
En una época marcada por el agotamiento, los estilos de vida sedentarios y el aumento de los problemas de salud mental, el progreso ofrece una orientación concreta. No se trata de transformar la vida de la noche a la mañana; basta con comenzar con retos asequibles: caminar un poco más de lo habitual, retomar una actividad que se había evitado y dejar que la mente salga de sus circuitos habituales. “La longevidad saludable es que tu vejez la vivas sin enfermedad: con buenos lazos familiares, buenas redes de amigos y buena alimentación”, resaltó Anaya.
















